sábado, 12 de enero de 2008

SORIAAYERYHOY.- GALERIA DE PERSONAJES Martina Calvo

Su hija : Bayana Imbrani Calvo
















Mª Martina Calvo del Rincón

¿Tu nombre?
Me llamo Mª Martina Calvo del Rincón.
¿Eres nacida dónde?
Soy nacida en Valdeprado.
Pero lo que me asombra es que me has dicho que tus padres eran panaderos.
Claro.
Pero tú desde chiquitita…
Sí, vivo en San Pedro Manrique.
No, no. A parte de vivir en San Pedro Manrique, tus padres es que se vinieron aquí.
Sí, bueno. Mis padres… Yo nací en Valdeprado, mi hermana pequeña nació en Magaña y de allí, nos vinimos aquí a San Pedro.
O sea dos pueblos preciosos.
De Magaña sobre todo es muy bonito el castillo que tiene. Eso es mi segundo pueblo.
Ya se lo ha quedado el Ayuntamiento.
Ya, ya lo sé.
Tengo que ir a ver alcalde y a todos porque aquello ha cambiado mucho. Pero bueno, a lo que vamos. ¿Y tú cuándo empezase esta labor de panadería?
A los 12 años, sin salirme de la escuela.
¿De pinche con tu padre?
Ayudándole a mi padre porque mi madre calló muy enferma y mi hermana no podía porque estaba sirviendo por ahí. Así que…
¿Y desde entonces estás en la panadería?
En la panadería, sí. Hasta los 17 años que me fui a Alemania. Allí estuve 14 años y luego volví aquí hace 28 años.
No puede ser. No me salen las cuentas.
Sí, es verdad. (Se ríe). Son más años.
¿Te viniste de Alemania y seguiste en la panadería?
La tenía mi padre; él se jubiló y la cogí yo.
Y te la quedaste tú. ¿Y a tu marido lo conociste en Alemania?
En Alemania, sí.
¿Y qué nacionalidad tiene?
Italiana.
¡Ah! Es italiano. Tampoco es mala gente.
Bueno, hay de todo como en España.
Bueno, aquí hay mucho.
Como en todo los sitios. No hay que sacar la cara por nada.
Sí hombre, por eso sí. Pero bueno vamos a ver. ¿Y del pan? Yo recuerdo que hace unos 15 ó 16 años tenías un pan que yo decía…
Era de horno de leña.
Pero salía como de cemento.
Porque era horno de leña y mi madre pues lo amasaba a mano y, entonces, no tenía los adelantos que hay ahora.
¿Y amasaba tu madre?
Sí, bueno había amasadora pero luego la elaboración era toda a mano. No es como ahora que lo metes todo en la máquina y lo ahueca más. Ahora es distinto.
¿Satisfecha de todas las modernidades?
Bueno, sí por una parte sí.
¿Y por cuál no?
Porque antes comíamos más natural que lo que comemos ahora.
Ahí estamos de acuerdo porque con las harinas de antes no puedes hacer el pan que se hace ahora.
No, no. Es imposible. Fíjate, aquí llegó un camión de harina, hicimos el pan y ¡uf! ¡Qué pan más malo! Llamé a la fábrica y al día siguiente, a las cinco de la mañana, el molinero y el jefe estaban aquí mismo. No le habían echado la química suficiente, un producto que necesita la harina.
El de huesos. Es el que levanta y además ahueca.
Sí, claro.
¿Cuántos años te quedan de hacer pan?
Por ley de vida, me quedan siete años. Tengo 58, hasta los 65… Pero si puedo jubilarme a los sesenta, lo voy a hacer para vivir la vida con mi marido.
¿Y a quién le vas a dar la panadería?
A nadie, no tengo ningún problema. Mis hijas no la quieren, pues se cierra y ya está. A ninguna de las tres les gusta la panadería.
P: ¿Y no tienes ningún hijo para dársela?
No, no. Pero no pasa nada.
Está bien. De todos modos, tú tienes un panorama actual nuevo porque además de saber hacer pan, tienes unas manos que no solo saben amasar.
Bueno, sé hacer de todo o casi todo.
¿Tú has pensado que eso puede darte un porvenir que tú no esperas?
No. Pienso que con lo que tengo, gracias a Dios, y con lo que me va a quedar… ¡Para qué quiero más! Entre lo que cobre de mi jubilación y la de mi marido que tiene dos pensiones y yo, una y media en planes de pensiones… ¡Para qué quiero más yo! Voy a vivir la vida todo lo que no la he vivido.
¿Y esto?
Eso me va a servir de hobbie.
Sí, claro esto es un hobbie que te puede dar mucho.
Eso dice mi hija.
Bueno, sigamos. Ya te digo que esta entrevista no es una entrevista. Voy a publicar una semblanza.
Algo que querías saber tú y dices voy a preguntárselo a la panadera.
No, no. Quiero hacer una semblanza y luego pondré algunas cosas que no te las digo ni las vas a pensar. Pero dime tú algo ahora. ¿De qué color tienes los ojos?
Yo, marrones.
Se parecen a los míos.
Mi madre los tenía marrones y son muy bonitos.
¿Tú puedes ir por la calle sin que te digan piropos?
No. ( Se ríe).

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